La vida que nos tocó ver a los de mi generación fue un tanto extraña, entramos a la adolescencia en la decadencia de los 90 y llegamos a la adultez en una era 100% global. Hoy no existe un solo rockstar que logre llenar estadios el solo, nunca más existirá alguien que como Michael Jackson logre con sólo sacar la mano de su limousina; hacer llorar a las masas.
Nunca más habrá “escenas” ya que las “escenas” eran de grupos, del under, tocando en lugares pequeños, conocidos solo por un grupo de gente pero, ¿cómo puede haber “escenas” en un mundo donde todo es accesible?
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Recuerdo que a mis 16 años sólo podía escuchar a The Cramps si a mis amigos le gustaban o si alguien iba a otro país y me traía un cassette que luego duplicaría para los amigos o si me daba un rol por el “Tianguis Cultural del Chopo” seguro conseguía un cassette grabado con portada de fotocopia.
Si alguien soñaba con ser rockstar podía ir a buscar fotocopias de partituras de guitarra o bajo… Si, partituras… por muy simple que suene ya que hoy puedes bajar lo que sea de la red, en esa épocas acompañaba a mis amigos con sueños rockers a comprar partituras, se podía cambiar discos y hasta tus botas usadas, en vil trueque, no como los pasados de riata que venden mamadas usadas en mercadolibre como si fueran oro.
Los rockers que paseaban por ahí eran los mismos que ensayaban casi diario, tocaban covers en bares chafas para comprar sus pedales y amplis, vendían boletos y regalaban cortesías en rocko o en la diabla con tal de que les permitieran tocar en una batalla de las bandas, hoy es más fácil myspace libra todo el sufrimiento y evita los hielazos en el escenario.
Era factible conseguir cassettes o incluso CDs piratas de conciertos europeos, playeras metaleras originales y replicadas, y una doña al final hacia quecas en el último puesto donde hoy hay un “escenario” para que toquen “bandas”.
Era todo un impacto caminar todo trazudo y aún así, verte fresa frente a un paredón forrado por capas y capas de carteles de conciertos y eventos que parecían corteza de árbol antiguo. En esa pared donde estaban parados al menos 20 punks con sus playeras de Attoxico y Condenados a Luchar, La Polla Records, que amenazantes te pedían un cigarro... Era inevitable verte fresa frente a ellos.

Un gritón en la entrada te recibía con poesía pura: “Tortas de a varo pa la banda erizaaaa!! Ay tabacosuelto pal bajón!!” dos calle atrás había una tienda donde podías comprar una guama en bolsa de color para que nadie viera que tomabas mientras te juntabas con los amigos, buscaban unas fotocopias de partituras, te armabas de unos 5 tapes grabados, The Melvins, L7, STP, Mother Love Bone, Suicidal tendeces y demás bandas que difícilmente conseguías en las tiendas de discos que reinaban antes de la llegada de Mixup y a lo mejor hasta conseguías una pulserita chida con estoperoles o una gorra de una gira de Metallica por 50 pesos.
Tenía un amigo (El Costra) que vendía calendarios de Heavy Metal en la entrada a 80 pesos con fotos de Axl o de Van Halen, los de Pearl Jam aún nadie los compraba, no era negocio todavía la cara de Vedder era fácil confundir a Pearl Jam con Stone Temple Pilots.
Había Darks de los de a deveras caminando por ahí vendiendo sus discos de lacrimosa o camisas de olanes cosidas por ellos mismos. Algunos como yo sólo caminaban con el pelo recogido y los ojos delineados soportando el calor bajo la ropa negra en busca de un par de casettes grabados, un raspado de rompope y un cigarrito alitas rolándolo con la banda sentado en la banqueta intentando ligarse una nena darki.
A mis 16 años se necesitaba un camión de recorrido largo y varias estaciones del metro para llegar, hoy a mis 32 podría tomar mi nave e ir en menos de 15 minutos, pero realmente creo que el chopo no sólo ya no tiene nada que ofrecerme a mi, si no tampoco tiene nada que ofrecerle al rock.
Hoy es un mercado común y corriente como muchos otros que hoy existen, donde venden playeras chafas mal estampadas y medio naconas, ropita emo hechiza como la de hottopic, patinetas y plumones para los vagos que rayan paredes, piercings chinos replicados del catálogo de Wildcat, tenis de todas las marcas y al final junto a las quecas puedes ver tocar a Jessy Bulbo (Nada en contra de Jessy, la estimo) Pero no es diferente al bazar de pericoapa. Salvo por los niños que se pelean contra los “emos” con altavoces y cartulinas que dicen muere emo, sin darse cuenta que lo que muere lentamente yace bajo sus tenis de moda.
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